¿Hay que amar con la cabeza o con el corazón?
A lo largo de nuestras vidas, todos enfrentamos este dilema en algún momento: ¿debemosamar con la cabeza o con el corazón? Desde mi perspectiva, esta pregunta va más allá de unasimple elección y nos invita a explorar las diferentes dimensiones del amor.
En la base de esta escala, encontramos el cuerpo físico, donde reside la pasión. Esa chispaintensa que puede durar meses o años, dependiendo de las circunstancias y opiniones. Másarriba está el cuerpo emocional, ese lugar donde los sentimientos, los recuerdos y las vivenciastoman forma. Y luego llegamos al cuerpo mental, donde predomina la razón: ¿es esta pareja lamejor elección según mis circunstancias?
El debate parece reducirse a estas dos opciones: razón o emoción. Pero, ¿es esto suficientepara definir cómo nos amamos?
El cuerpo espiritual: una dimensión más allá de la razón y la emoción
Existe una dimensión que a menudo ignoramos: el cuerpo espiritual. No hablo de la meditacióno de prácticas religiosas, sino de esa energía más pura donde habitan los misterios de la vida.
Es el ámbito de lo etéreo, donde conceptos como las almas gemelas, el karma y las conexionestrascendentales cobran sentido.
En esta dimensión, las experiencias no son meras casualidades. Todo lo que vivimos —seafísico, emocional o mental— tiene un propósito más profundo. La respuesta a nuestraspreguntas suele ser: “Porque tenías que vivir esa experiencia”.
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